viernes, 7 de junio de 2013

Los gurúes de la Desesperanza

Bueno, el mundo no se terminó para el 21 de diciembre del 2013, sólo se rompió un poco. Pero siguen las predicciones catastróficas.

Los hechos indican que la guerra  civil en Siria no puede parar; que está a punto de entrar en vigor un plan de intervención militar extranjera a muy corto plazo.
En la retórica política se justifica, aludiendo insistentemente al hipotético empleo de armas químicas que EE.UU. quiere atribuir al gobierno de  Bashar al-Assad, como hace años lo hizo con las inexistentes ‘armas de destrucción masiva’ que iba a utilizar Sadam Husein (coincidentemente de la misma línea política nacionalista, socialista y laica).
En la práctica militar, se deduce de varios hechos comprobados: el despliegue de misiles Patriot de la OTAN en la frontera turco-siria, el asentamiento de más de 10.000 hombres en Jordania y Líbano, a los que se unirían los 3.500 estadounidenses que ya no tienen función en Irak, listos todos para ocupar Siria, y la disponibilidad del ejército israelí para destruir las instalaciones militares sirias.
Todo indica que EE.UU., que ha vacilado durante meses por el riesgo de un colapso fiscal, más la OTAN e Israel, han terminado por aceptar el belicoso discurso desplegado desde hace meses por Francia, Reino Unido y Qatar de intervenir militarmente y resolver el conflicto de la peor manera posible.

A ello contribuye la presión del calendario. De seguir con el estancamiento actual se “corre el riesgo” de que, tras la toma de posesión presidencial de Obama y la formación de nuevo gobierno, otras potencias internacionales exijan la implantación del Plan de Paz de Ginebra (Junio 2012), postergado por las elecciones presidenciales norteamericanas, que prevé el despliegue de una fuerza de paz de la ONU para separar a las fuerzas beligerantes y expulsar a los yihadistas extranjeros. Y como dicha fuerza de paz estaría formada por contingentes de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva, supondría la reinstalación en Siria de tropas rusas, lo que, de ninguna manera desea el Pentágono, ni la OTAN.
Para evitar ese escenario, el imperialismo occidental (estadounidense y europeo) prepara una intervención militar que ocupe el país, lo fragmente o lo desintegre como estado e instale un gobierno dócil a Occidente y belicoso con el último objetivo en Oriente Medio: IRAN.

Continuaría así su política de desmontaje de estados sólidos, cuando no son sumisos, para convertirlos es “estados fallidos”, lo que permitiría su control de forma duradera, sea para adueñarse de sus recursos naturales, sea para expandir su hegemonía política por la fuerza de las armas.

La muerte de 80.000 personas, heridos y refugiados, ¡¡son nada más que un "daño colateral"!!

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